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Sé que jamás conseguiré el premio Nacional de Fotografía, o un galardón que me lleve a vivir del cuento. Sin embargo me gusta hacer fotografía y sobre todo enseñar lo que sé.
He ganado unos cuantos premios, y mis fotos han estado colgadas en alguna pared. Nunca he puesto interés por conseguir que mi obra esté en museos o colecciones privadas. ¿Para qué quiero eso mientras estén en las casas de mis amigos?
Me gusta tener en cuenta las reglas de la composición, pero también busco aspectos poéticos de la imagen, y aquellos que transmiten información de un modo veraz y auténtico.
Considero la fotografía como un medio para plasmar lo que veo con mis ojos, y una forma de dejar un legado de imágenes a los que vienen detrás. Aunque no me preocupa que no sirva para nada y los depositarios de mis fotos las tiren a la basura.
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Pasan los años y me resisto a hablar del premio de la Diputación Provincial de Teruel, de los de la Semana Santa, Camino de Santiago... Creo que los premios pueden ser un aliciente para seguir trabajando y superarse, pero también una manera de demostrar públicamente lo poco que uno sabe de fotografía.
Son muchas las cosas que no me gustan del actual mundillo de la fotografía. Sobre todos aquellos fotógrafos jóvenes que van por la vida de jueces de todo lo que se les planta por medio, de los que sueltan parrafadas incomprensibles y carentes de sentido, de los que se les llena la boca con tonterías que ya son tópicas. Y ellos sin enterarse.
Yo cada vez sé menos, y no sé por dónde van a tirar mis próximas fotografías. Sólo sé que las musas están muy inquietas, y mis genios cada vez son de peor raza. Así que si usted está pensando en invitarme a dar una conferencia, o a estar en una mesa redonda, mejor espere una temporada a que mis musas, y mis genios, se hagan amigos.
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Estoy orgulloso de haber trabajado con gente muy buena, tanto humana como profesionalmente. Destaco a Ignacio I., con el que he compartido muchas tardes diseñando Contraluz. Ignacio ha sido el que siempre ha estado al pié del cañón, del que he aprendido que un buen diseño y una buena maquetación, puede convertir una fotografía buena en una fotografía excelente.
He escuchado a grandes fotógrafos, como Fernando Múgica, Santiago Lyon, Gervasio Sánchez, John Kimmich. He aprendido de ellos y de tantos otros. Pero sobre todo he aprendido de mis alumnos, los cuales me han facilitado que de vez en cuando rompa mi tradicional forma de ver las cosas, y adapte formas nuevas, más claras y precisas.
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